Varices: qué son y cuál es su tratamiento


El jefe de Cirugía Vascular de Povisa, Pablo Calvín, aborda en este artículo una de las patologías vasculares más frecuentes, explicando cómo puede evitarse la aparición de varices y cuál es el tratamiento más efectivo.

¿Qué son las varices y por qué aparecen?

Las varices son una manifestación secundaria de la Enfermedad Venosa Crónica (EVC), la patología vascular más prevalente. Uno de los principales estudios epidemiológicos al respecto encontró que hasta un 71% de la población mayor de 16 años tenía algún síntoma o signo de EVC, cuya base fisiopatológica común, la Hipertensión venosa (HTV), se caracteriza por ser crónica, progresiva y benigna.

El factor de riesgo no modificable más importante es la carga genética, la causa más frecuente de HTV (90%). Es predominante también en mujeres.

Los factores adquiridos influyen directamente sobre la progresión de la enfermedad, así como en un posible empeoramiento con el paso de los años. Entre ellos, tendríamos el sedentarismo, la obesidad, y determinadas ocupaciones laborales (peluqueros, auxiliares de vuelo, obreros inmovilizados en cadenas de producción, cocineros o camareros serían más propensos a padecer esta patología), embarazos, la toma de anticonceptivos orales o terapias hormonales sustitutivas, malos hábitos posturales, el estreñimiento crónico, etc.

¿Cuáles son sus síntomas?

Los principales síntomas serían pesadez, cansancio, hinchazón, hormigueos y picores. Al tratarse de síntomas inespecíficos, es importante investigar otras posibles causas. Los signos clínicos que podemos ver en una consulta son edema, alteraciones de la pigmentación cutánea, varículas, telangiectasias, varices, alteraciones cutáneas tróficas o úlceras venosas.

¿Cómo podemos prevenirlas?

La prevención se basa en dos pilares fundamentales: las medidas higiénico-dietéticas y la terapia de compresión.

El primero se centra en la modificación del estilo de vida y de determinados hábitos, sobre los que sí podemos actuar para evitar que las varices empeoren, aliviar la sintomatología y retrasar la aparición de más varices. Evitar permanecer de pie o sentado con las piernas colgando durante periodos de tiempo prolongados. En posición de sentado debe evitarse cruzar las piernas y, si es posible, elevarlas. Utilizar calzado cómodo: zapatos amplios, con 3-4 cm de tacón que tonifica los músculos de la pantorrilla y favorece el aplastamiento del tejido esponjoso de la planta del pie. Evitar ropa apretada, especialmente prendas ajustadas en la cintura y parte superior de los muslos y piernas: las fajas y ligas dificultan el retorno venoso. Dormir con las piernas elevadas. Evitar el estreñimiento, realizando una dieta rica en fibras vegetales y frutas, asociando laxantes si fuera necesario. En viajes largos, se recomienda levantarse y dar un paseo de vez en cuando. Evitar exposiciones excesivas al sol, la calefacción a la altura de las piernas, baños de agua muy calientes, baños termales con temperaturas mayores de 28ºC, saunas y depilación con cera.

Con respecto a la terapia de compresión o media elástica de compresión bastaría con una compresión normal (22-29 mm Hg), reservando la compresión fuerte (>30 mm Hg) en caso de aparición de cambios tróficos de la piel o úlceras activas. La media “ideal” es la que al paciente le resulte más cómoda y, por tanto, se acostumbre a utilizar diariamente. No sirve de nada pautar una media elástica de pierna entera si al final se abandona la terapia compresiva por dificultad a la hora de ponerlas, por reacciones alérgicas, etc. No obstante, esta sería la altura recomendada.

¿Cuándo pasan a ser un verdadero problema para la salud y qué complicaciones pueden desarrollarse?

La EVC empieza a suponer un deterioro de la calidad de vida a partir del estadio clínico C3, que corresponde a hinchazón crónica, al estadio clínico C4, que incluye cambios tróficos de la piel como por ejemplo dermatitis ocre, atrofia blanca o lipodermatoesclerosis, consideradas lesiones de riesgo de aparición de úlceras venosas y C5 – C6, úlcera cicatrizada/úlcera activa.

Las complicaciones vienen derivadas de la aparición de este tipo de úlceras, ya que
hasta en un 50% de los casos la curación no se produce antes de los 6 meses, un 40% pueden tardar hasta un año y un 10% pueden tener hasta 5 años de evolución. Además, de las que cicatrizan, un 30% pueden volver a aparecer en los primeros 12 meses.

¿Cómo se lleva a cabo su diagnóstico y tratamiento en Povisa?

En el Hospital Povisa, el diagnóstico se basa en la clínica y exploración físicas. En el caso de existir varices, debe realizarse una Ecografía Doppler con la finalidad de detectar los puntos de reflujo más frecuentes y establecer la mejor estrategia quirúrgica. La técnica quirúrgica más empleada en el hospital sigue siendo la cirugía convencional, aunque con las variantes de Stripping de Safena hasta la rodilla y la técnica CHIVA (Cura Hemodinámica de la Insuficiencia Venosa Ambulatoria) que preserva la safena, reduce el hematoma, dolor postoperatorio y el riesgo de lesión del nervio safeno. También se utilizan otras como la escleroterapia con Polidocanol, tanto para el cierre de safena como para el tratamiento de arañas y telangiectasias. Dado que somos un equipo que está creciendo, pronto incorporaremos otras técnicas como la radiofrecuencia, también de eficacia contrastada con respecto a la cirugía clásica.

¿Qué papel tiene la tecnología en el tratamiento de esta enfermedad?

La principal influencia de la tecnología viene derivada del desarrollo de la Ecografía Doppler, que nos permite tener un mejor conocimiento anatómico y hemodinámico del patrón de insuficiencia venosa, realizando una estrategia quirúrgica individualizada. Gracias a ella, se han desarrollado numerosas técnicas de tratamiento conocidas como terapias endoluminales o endovenosas que precisan de la utilización del ecógrafo durante el procedimiento.

¿Qué técnicas existen para operar las varices?

Además de la cirugía convencional o Stripping de safena mayor con flebectomía y el procedimiento CHIVA, que ya han sido explicadas, las nuevas técnicas endoluminales tratan de minimizar la incidencia de complicaciones postoperatorias al ser menos agresivas. Además, pueden realizarse de forma ambulatoria, con anestesia local y/o sedación, permitiendo una rápida incorporación a la actividad normal del paciente. Estas técnicas se basan en 3 mecanismos: 
  • Ablación térmica: mediante radiofrecuencia, láser endovenoso o vapor de agua.
  • Ablación química: mediante esclerosantes líquidos o en forma de espuma.
  • Ablación mecánica o mixta: combinación de ambas.

Todas las técnicas tienen como objetivo el cierre de los ejes safenos, evitando la safenectomía y, por tanto, los hematomas post-quirúrgicos, que dan lugar a dolor y limitación de la deambulación durante días o semanas.

No obstante, la cirugía clásica sigue siendo el “Gold Estándar” y las nuevas técnicas se suelen comparar con ésta para valorar la efectividad. Según los estudios publicados, las terapias endoluminales tienen un mejor tiempo de recuperación y convalecencia y menor dolor postoperatorio, visibles a corto plazo, pero no hay datos sobre mejores cifras de recurrencia o calidad de vida a largo plazo.

Para cualquier duda sobre esta patología, no dude en pedir atención médica al servicio de Cirugía Vascular de Povisa.